Cultura SINÚ
Aspectos
funerarios
En las
ceremonias funerarias, con danza y música se festejaba el renacimiento del
difunto en el mundo subterráneo, mientras se construía un túmulo sobre la
tumba. El difunto era enterrado con sus pertenencias. Los ajuares dependían de
la posición social e incluían copas, vasijas, instrumentos musicales y adornos
personales. Sobre el entierro, se plantaba un árbol. Este árbol al igual que
las mujeres de arcilla que acompañaban al muerto, simbolizaban la fertilidad y
la nueva vida. De sus ramas colgaban campanas y caracoles que sonaban con el
viento (Museo de Oro Zenú del Banco de la República en Cartagena)
El entierro
dentro de las urnas se practicó como un segundo enterramiento, realizado algún
tiempo después de la muerte. En ellas se incorporaba el personaje al mundo
subterráneo, para reunirse con sus parientes difuntos.
Guerra
Entre las armas se encuentran los
arcos y fechas envenenadas y picas. Los Sinúes acompañaban sus encuentros de
guerra con música y cantos e iban muy adornados.
Naturaleza
Datos
de Interés:
La
cultura Sinú o Zenú estuvo conformada por agricultores,
pescadores, comerciantes, orfebres y tejedores. Los españoles exterminaron casi
por completo a los indígenas Sinú a causa de su oro. Se destacaron por el
desarrollo de la técnica de la filigrana en la construcción de sus adornos de
oro. Construyeron un sistema hidráulico, que hoy en día sorprende a la
ingeniería moderna, ya que les permitió tener sus cultivos y construir sus viviendas,
a pesar de las inundaciones anuales de los ríos Sinú y San Jorge.
Cultura Chibcha
LA GUERRA
Los Chibchas
no eran por naturaleza belicosos. Pero una vez forzados a la guerra se
mostraban sanguinarios y no concedían perdón a ningún contrario que cayese en
sus manos. Las luchas más frecuentes eran entre el zipa y el zaque, permanentes
enemigos. Los ejércitos iban al campo de batalla lujosamente adornados y como
armas usaban espadas de macana, varas puntiagudas, dardos, hondas, hachas y
tiraderas para disparar flechas. Se acompañaban de músicos que con instrumentos
especiales producían un ruido ensordecedor parecido al trueno.
Muerte
CREENCIAS Y
COSTUMBRES
Para sus
adoratorios se dirigían a las lagunas, allí encontraron el centro de su credo.
Al sonido de alegres músicas danzaban a sus orillas, extendían los brazos, los
levantaban, se postraban en devota actitud. Allí ofrecían a sus deidades
suntuosas ofrendas de esmeraldas, de objetos de oro y de barro. Los momentos
cumbres de su vida transcurrían ante ellas: el ruego por la buena suerte de los
recién nacidos, la entrada a la pubertad, los enlaces matrimoniales. Un
sacerdote o jaque, un cacique, antes de entrar en ejercicio de sus funciones,
debían purificarse en sus aguas y no faltaban las personas que disponían como
acto supremo que sus cuerpos, al morir, reposaran en el fondo.
Naturaleza
Rendían culto al agua, al arco iris. Su dios principal fue
Chimininchagua, quien era el origen de todo y fue quien creó la luz, pues el
mundo antes era oscuro.
Chibchacum era el dios protector y si se le ofendía, se vengaba. Celebraban sus fiestas con mucha solemnidad. Las procesiones eran muy concurridas. Los adoratorios más célebres fueron las lagunas de Guatavita, Siecha, Ubaque y Fúquene. En Sogamoso se encontraba el templo del Sol, el principal de los indios chibchas. Los indios por lo general rendían culto a los muertos y como creían en la inmortalidad del alma los enterraban con alimentos, joyas, vestidos, etc.
Celebraban los ritos religiosos principalmente en las lagunas. Allí concurrían periódicamente en peregrinación a llevar sus ofrendas al Sol y a la Luna; poseían también adoratorios como los cojines del diablo en Tunja.
El centro ceremonial del zipa estaba ubicado en la localidad de Chía donde había un templo dedicado a la diosa Luna. La adoración al Sol se llevada a cabo en el centro ceremonial del zaque en la población de Sogamoso y en la laguna de Guatavita tenía lugar el famoso baño en oro del zaque de este Estado muisca, el cual dio paso a la famosa leyenda de El Dorado.
En la laguna de Guatavita, el cacique de la región, para rendir culto a los dioses se cubría el cuerpo con oro en polvo y se bañaba en ella; los indios completaban la ceremonia, arrojando a sus aguas esmeraldas y figuras de oro. La religión tenía también prácticas muy crueles; al Sol le ofrecían como sacrificio niños y mancebos que alimentaban con esmero.
Chibchacum era el dios protector y si se le ofendía, se vengaba. Celebraban sus fiestas con mucha solemnidad. Las procesiones eran muy concurridas. Los adoratorios más célebres fueron las lagunas de Guatavita, Siecha, Ubaque y Fúquene. En Sogamoso se encontraba el templo del Sol, el principal de los indios chibchas. Los indios por lo general rendían culto a los muertos y como creían en la inmortalidad del alma los enterraban con alimentos, joyas, vestidos, etc.
Celebraban los ritos religiosos principalmente en las lagunas. Allí concurrían periódicamente en peregrinación a llevar sus ofrendas al Sol y a la Luna; poseían también adoratorios como los cojines del diablo en Tunja.
El centro ceremonial del zipa estaba ubicado en la localidad de Chía donde había un templo dedicado a la diosa Luna. La adoración al Sol se llevada a cabo en el centro ceremonial del zaque en la población de Sogamoso y en la laguna de Guatavita tenía lugar el famoso baño en oro del zaque de este Estado muisca, el cual dio paso a la famosa leyenda de El Dorado.
En la laguna de Guatavita, el cacique de la región, para rendir culto a los dioses se cubría el cuerpo con oro en polvo y se bañaba en ella; los indios completaban la ceremonia, arrojando a sus aguas esmeraldas y figuras de oro. La religión tenía también prácticas muy crueles; al Sol le ofrecían como sacrificio niños y mancebos que alimentaban con esmero.
Cultura Quimbaya
Guerra y muerte
Se discute si los
quimbayas practicaban la antropofagia ritual
con sus enemigos de guerra, en festividades o celebraciones muy especiales.
Este canibalismo tenía significados simbólicos
relacionados con la derrota y venganza de sus enemigos o con la apropiación del
espíritu de la persona. Sin embargo, en el caso de los quimbayas, las crónicas
que se refieren el canibalismo se basan en un solo testimonio sobre dos
supuestos casos.3 Exhibían
cabezas humanas como trofeos colgadas de cañas en la plaza. Durante la
conquista intensificaron esta práctica para infundir temor en los
conquistadores.
Prestaban
mucha atención a sus prácticas funerarias, y las construcciones de tumbas
quimbayas testimonian esta afirmación pues, en verdad, elaboraron una enorme
variedad de tumbas diferentes de acuerdo con lo específico de cada entierro, en
el que siempre se incluían las ofrendas que habrían de acompañar al difunto en
su paso a la otra vida, incluidos víveres y armas para hacérselo más fácil. En
las tumbas también enterraron la mayoría de los objetos de oro precolombinos,
elementos personales del muerto y algunos otros elementos sagrados. Creían que
todos los cuerpos resucitarían.
Una de
las actividades que más famosos ha hecho a los quimbayas es su lujosa
orfebrería, que goza de una increíble belleza a la vez que de una técnica
perfecta. Desarrollaron sistemas de metalurgia para combinar cobre con el oro
que no abundaba en su región (a diferencia de otras zonas del país). Esta
combinación de oro y cobre, llamada «tumbaga», no restaría para nada el
atractivo, brillo y durabilidad de sus magníficas piezas, de una vivacidad
espectacular. Una de ellas muy popularizada son los famosos «poporos». Su
orfebrería es de la más importantes de América dada la exquisita belleza de las
piezas expresada mediante muy bien desarrollados métodos metalúrgicos.
Su
cultura la forma de fundir el oro para obtener el grado exacto de oro y cobre
para mantener una pureza alta, aún se desconoce como se logró tal calidad ya
que necesitarían hornos que alcanzarían los mil grados centrifugador para
fundir estas piezas.[cita requerida]
Otro
de los misterios de la Cultura Quimbaya son los artefactos quimbaya, antiguamente llamados
"Pájaros del Otún" ya que el primero se halló cerca de la rivera del
Río Otún en la provincia de Risaralda.
Naturaleza
Durante
milenios, grupos humanos con diferentes culturas y formas de vida aprovecharon
la diversidad de climas y la variedad y abundancia en recursos de las montañas
del Cauca Medio. Sus primeros pobladores, diez mil años atrás, fueron cazadores
y recolectores. Más tarde, por cerca de dos milenios hasta la Conquista, en los
períodos Quimbaya Temprano y Quimbaya Tardío, habitaron la región agricultores
y mineros de oro y sal, artífices de cerámica y orfebrería.
Período Quimbaya Temprano
Entre
500 a.C. y 600 d.C., las primeras sociedades orfebres se dedicaban a la
agricultura, la cacería, la pesca y la recolección de frutos silvestres.
Ubicaban sus viviendas dispersas sobre planicies naturales o en explanadas
construidas en las laderas. Extraían oro de las arenas de los ríos y sal de
fuentes de aguasal, y los utilizaban para el intercambio. Los orfebres eran
especialistas que elaboraban objetos notables por la maestría técnica y
estética, en los cuales plasmaron aspectos de la organización social y el
pensamiento simbólico de sus comunidades.
Tanto
los objetos de orfebrería como los de cerámica de este período tienen
características como las superficies lisas y brillantes, sobriedad en el estilo
y formas escultóricas realistas inspiradas en frutos y figuras femeninas. Las
representaciones humanas en orfebrería muestran rasgos como desnudez, contornos
redondeados, torso grueso, cara triangular, pómulos salientes, ojos rasgados
semicerrados, uso de adornos y ligaduras, y placas colgantes. Estas figuras
eran símbolos de identidad cultural de estos grupos.
Los
adornos y objetos rituales usados por los líderes transmitían mensajes acerca
de su cargo, posición social y pensamiento. En el curso medio del Cauca y las
montañas antioqueñas los atuendos de estos personajes se componían de pocos
objetos, casi todos pequeños. Son frecuentes las narigueras y orejeras fundidas
a la cera perdida en aleación de oro y cobre o tumbaga. El notorio desgaste de
muchos de los adornos evidencia su uso frecuente. Solo los cascos y las coronas
eran emblemas grandes y visibles.
Los
poporos para guardar la cal utilizada con las hojas de coca eran símbolos de
fertilidad por su color y brillo, y por sus formas de mujeres, calabazos,
ahuyamas y totumas. Los líderes los empleaban en ceremonias orientadas a la
reproducción de la naturaleza y el bienestar de la sociedad, donde ellos mismos
se hacían ver como indispensables para la continuación de la vida. También
algunas urnas para las cenizas de los muertos, que se han hallado enterradas en
tumbas de pozo simple, representaban calabazas y mujeres embarazadas, como si
fueran úteros donde renace la vida tras la muerte. Una urna cineraria tiene la
forma de un paujil.
Otro
de los objetos más destacados de la colección del Museo del Oro es un poporo
que representa una mujer de alto rango adornada con pintura facial, casco y
nariguera. Su expresión meditativa y su postura solemne, sosteniendo barras con
aves, le confieren la apariencia de estar participando de un ritual.
Este objeto maestro, los dos cascos, la corona con adorno imitando plumas y dos recipientes en forma de totuma alargada, con tapa, utilizados probablemente para guardar y llevar las hojas de coca, hacían parte de los ajuares con los que se enterraron varios líderes en una tumba en el municipio de Puerto Nare, en el Magdalena Medio antioqueño.
Este objeto maestro, los dos cascos, la corona con adorno imitando plumas y dos recipientes en forma de totuma alargada, con tapa, utilizados probablemente para guardar y llevar las hojas de coca, hacían parte de los ajuares con los que se enterraron varios líderes en una tumba en el municipio de Puerto Nare, en el Magdalena Medio antioqueño.
Los
orfebres del período Quimbaya Temprano elaboraron además figuras realistas y
estilizadas de diversos animales. Los más representados fueron caracoles e
insectos en metamorfosis, como pupas de mariposa, que pudieron tener
significados relacionados con los ciclos de la naturaleza y la sociedad.
Un
colgante en forma de cuadrúpedo con cabeza de ave, proveniente de Antioquia,
contenía carbón que fue fechado por el Museo del Oro en 240 a.C. Otro colgante
zoomorfo, con dos animales estilizados, data de 190 d.C.
Período Quimbaya Tardío
A
partir del 800 d.C. se dieron cambios profundos en las sociedades del Cauca
Medio. La población creció y asimismo la producción agrícola y textil, de
cerámica y de adornos de orfebrería. Se transformaron las creencias, los
objetos y los símbolos; los entierros primarios en tumbas de pozo con cámara se
tornaron comunes.
Las
modificaciones del cuerpo y ciertas posturas comunicaban características de las
personas, como su grupo social y su rango. En figuras humanas enterradas con
los muertos para acompañarlos y protegerlos, los ceramistas reprodujeron la
pintura corporal que se aplicaba con sellos y rodillos de cerámica, las
ligaduras de cuentas blancas que deformaban brazos y piernas, y las
deformaciones del cráneo.
Durante
el período Quimbaya Tardío los adornos de orfebrería tenían con frecuencia
formas geométricas simples y decoraciones esquemáticas. Algunos, como las
narigueras en forma de aro y de alambre retorcido, fueron de uso común. Se
insertaban adornos en las aletas de la nariz, debajo de la boca y otras partes
del rostro.
Las
sociedades del período Quimbaya Tardío habitaron con preferencia las zonas
templadas, tanto en casas dispersas como en aldeas. Vivían de la agricultura,
la cacería, la pesca y la recolección. Sembraban maíz, fríjol y batata en las
laderas, con eras y zanjas para controlar las avalanchas y la erosión. Extraían
oro y sal, hilaban, tejían y trabajaban la arcilla y los metales, parte de cuya
producción dedicaban al intercambio con grupos vecinos y lejanos.
Numerosos
objetos se preservaron y hoy nos permiten formarnos una idea de la vida
cotidiana de estas comunidades. En la cacería y la guerra utilizaban
propulsores y dardos fabricados en madera de palma. Cazaban venados (Mazama),
dantas (Tapirus), pecaríes (Tayassu pecari), zarigüeyas (Didelphis), armadillos
(Dasypus), conejos (Sylvilagus) y otros animales.
Los
volantes de huso elaborados en cerámica eran utilizados en el hilado del
algodón. El volante, ajustado a la parte inferior de una varilla de madera,
mantenía el movimiento de rotación necesario para torcer el hilo y enrollarlo
alrededor del huso. Estos instrumentos para el hilado son tan frecuentes que
nos poermiten imaginar que los textiles lo eran también. Una cinta tejida en
algodón, con placas colgantes de metal, se preserva en el Museo y fue fechada
en 850 d.C. La producción de cerámica variaba dentro de la región del Cauca
Medio. Hacia el sur elaboraban objetos de múltiples formas, algunos decorados
con pintura negra sobre fondo rojo, crema o una combinación de ambos colores.
Por su parte, los grupos asentados al norte del Cauca Medio elaboraron una
alfarería de color marrón o gris con formas romboidales, decorada con
incisiones y figuras aplicadas, así como vasijas de color naranja adornadas con
pintura blanca.
La
producción de objetos en cobre era una actividad importante. Con este metal los
orfebres manufacturaron pectorales, brazaletes, collares y cascabeles.
Hacia
1540 los europeos encontraron en la región del Cauca Medio una población
numerosa y diversa que con las guerras de conquista sufrió caos y aniquilación.
Los conquistadores españoles contaron en las crónicas que los caciques de esta
región vivían en grandes casas rodeadas por empalizadas, donde guardaban
imágenes y los cuerpos desecados de sus enemigos, y realizaban rituales de
canibalismo. También relataron que se adornaban y vestían para parecer
animales; que usaban adornos de metal y plumas, se pintaban la cara y el
cuerpo, llevaban un taparrabos largo como una cola, las uñas largas como garras
y pieles de animales en la espalda.
Ante las diferencias de costumbres, lengua y política, los europeos clasificaron a los indígenas en "provincias" que llamaron Caramanta, Zopía, Quincha, Irra, Anserma, Chanco, Arma, Paucura, Pozo, Picara, Carrapa, Quimbaya, Quindo y otras. Varios de estos nombres permanecen en la geografía de la región.
Ante las diferencias de costumbres, lengua y política, los europeos clasificaron a los indígenas en "provincias" que llamaron Caramanta, Zopía, Quincha, Irra, Anserma, Chanco, Arma, Paucura, Pozo, Picara, Carrapa, Quimbaya, Quindo y otras. Varios de estos nombres permanecen en la geografía de la región.
En
los pectorales de orfebrería se ven repujadas figuras de hombre-jaguar,
hombre-rana y hombre-lagartija, que probablemente representaban a los caciques
con sus atuendos rituales de animal.
Cultura
Tairona
El
noroccidente de la Sierra Nevada de Santa Marta, al norte de Colombia, fue
habitado desde el año 200 d.C. hasta la Conquista por agricultores y artesanos
de la piedra y el metal que aprovecharon los recursos disponibles desde el mar
hasta las nieves perpetuas. Inicialmente asentados en el litoral, se
expandieron luego hacia las zonas altas donde construyeron ciudades de piedra.
Su historia prehispánica comprende los períodos Nahuange y Tairona. Actualmente
habitan allí los koguis, wiwas, ikas y kankuamos.
Período Nahuange
Las
primeras comunidades de orfebres, agricultores y pescadores que habitaron las
costas de las vertientes norte y occidental de la Sierra Nevada de Santa Marta
explotaban diversos recursos del mar, la playa, las ciénagas, ríos y montes
aledaños, además de cultivar maíz y otros productos. Desde 200 d.C. fueron
expertos orfebres y hábiles artesanos de la talla de conchas y piedras
semipreciosas.
En
recipientes cerámicos y en colgantes o pectorales de concha, piedra o metal,
representaron de forma realista mujeres, aves y felinos. Las ranas y los
lagartos repujados en láminas de metal muestran cierta esquematización.
La
escena de señores principales o héroes míticos llevados en andas por personajes
auxiliares fue plasmada en diversos pectorales. Personajes adornados con
pectorales de aves y penachos se relacionan con el sol y con serpientes de dos
cabezas que los sostienen.
En
la orfebrería Nahuange sobresalen las piezas martilladas en aleación de cobre y
oro, denominada tumbaga. Tienen superficies muy pulidas, muchas de llamativas
tonalidades rojizas. Puntos, círculos, triángulos, animales esquemáticos y
serpientes de dos cabezas se combinan en motivos decorativos que adornan
narigueras y pectorales emblemáticos.
En
excavaciones arqueológicas realizadas por Alden Mason en 1922 en la bahía de
Nahuange se halló una sepultura construida con lajas de piedra que fue
importante para definir el estilo de orfebrería Nahuange. La tumba incluía
objetos similares a los expuestos en la reconstrucción museográfica realizada
en el Museo del Oro, y que hoy se preservan en el museo Field de Chicago. Uno
de los colgantes metálicos de la tumba, una figura femenina, contenía carbón
que fue fechado en 310 d.C. Gracias a que un profesional registró
cuidadosamente esta asociación de objetos de orfebrería, cerámica, piedra y
concha, los arqueólogos pudieron identificar el tipo de adornos y utensilios
usados durante el período al que denominaron con el nombre de la bahía.
Hacia
el año 900 d.C. la forma de vida del período Nahuange cambia y se da inicio a
lo que se denomina período Tairona.
Período Tairona
En
los afilados contrafuertes y los valles profundos cubiertos de bosque de la
esquina noroccidental de la Sierra Nevada, la gente del período Tairona levantó
ciudades sobre cimientos de piedra, caminos enlozados y drenajes. En terrazas
de cultivo escalonadas cultivaron maíz, yuca y aguacate. Una orfebrería
recargada en adornos distinguía a los caciques, dotados de poder político y
religioso. Colgantes y pectorales en forma de aves con alas desplegadas
demuestran la continuidad de algunas ideas del pensamiento simbólico de estas
sociedades desde el período Nahuange hasta la Conquista.
Los
taironas resistieron la Conquista con guerras que duraron más de 75 años.
Varios cronistas españoles los conocieron y escribieron maravillados relatos y
descripciones. Fray Pedro de Aguado relató en 1573:
“Traen
sus personas muy adornadas con piezas y joyas de oro. Los varones traen
orejeras y caricuríes puestos en las narices y grandes chagualas en los pechos.
Al cuello muchos géneros de cuentas… Las mujeres casi traen las propias joyas
que los varones”.
En
1514 el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo escribía asimismo que los
indígenas de Santa Marta … “tenían joyas de oro, penachos de pluma y mantas con
muchas pinturas entretejidas, y en ellas muchas piedras cornalinas, … esmeraldas
y casidonias y jaspes y otras”.
Durante
el período Tairona los destinos de la comunidad eran regidos por una poderosa
élite de chamanes que decían tener control sobre las fuerzas esenciales de la
naturaleza, el ordenamiento del cosmos y las acciones humanas. Eran los
encargados de velar por el bienestar material y espiritual de la comunidad. En
múltiples objetos se los ve representados en el trance de la transformación,
como en la emblemática figura del hombre-murciélago, señor de la noche y el inframundo.
La
figura del hombre transformado en murciélago puede verse en pectorales,
colgantes y campanas metálicas, en remates de bastón tallados en hueso y en
objetos de cerámica. Pero también se encuentran en las tumbas de los personajes
importantes del período Tairona los atuendos que les servían para simbolizar
esta transformación. Los adornos de sus viseras metálicas aludían a las
membranas internas o tragus de la oreja del animal; las narigueras cilíndricas
levantaban la nariz como la hoja nasal de algunas especies y los adornos
sublabiales imitaban las carnosidades de su labio inferior.
Durante
el ritual se recreaba la historia mítica de la sociedad. En un ambiente
especial, y gracias a las sustancias enteógenas, los participantes se
transformaban en los ancestros míticos para mediar por el equilibrio del
universo. En ceremonias de ofrenda o pagamento fueron depositadas piedras
talladas y otros objetos dentro de templos, viviendas, caminos, cultivos o
lagunas, con propósitos de fertilidad y curación de enfermedades o para obtener
protección para la familia y la comunidad.
Los
grupos tardíos de la Sierra Nevada, de lengua chibcha, tenían conceptos y
creencias comunes con otras sociedades de la misma familia lingüística. Con los
habitantes de la Cordillera Oriental compartieron el símbolo e ideología del
ave con alas desplegadas y el sentido de las ofrendas.
Cultura
Caribe
La Cultura Caribe se refiere al un
grupo de personas que vivían en las islas Antillas Menores. Los Caribes
fueron un pueblo amerindio cuyos orígenes se encuentran en el región
del Caribe y la costa norte de América del Sur. Los Caribes vivían en aldeas
separadas en las islas de Granada, Tobago, Dominica y San Vicente. Los caribes
fueron navegantes y constructores de barcos calificados. Tenían una posición
dominante en la cuenca del Caribe debido a su dominio de la guerra.
Los habitantes de la cultura Caribe hablaban bien una lengua caribe o un pidgin, pero las incursiones periódicas de los caribes sobre otros grupos étnicos dio lugar a que muchas mujeres cautivas de origen arawak hablen un lenguaje macro-arahuacanas (arawak). En el sur del Caribe, coexistieron con una grupo relacionado de habla caribe, kali'na o kari'ña (antiguamente Galibis).
Los habitantes de la cultura Caribe hablaban bien una lengua caribe o un pidgin, pero las incursiones periódicas de los caribes sobre otros grupos étnicos dio lugar a que muchas mujeres cautivas de origen arawak hablen un lenguaje macro-arahuacanas (arawak). En el sur del Caribe, coexistieron con una grupo relacionado de habla caribe, kali'na o kari'ña (antiguamente Galibis).
Historia de Los Caribes
Se cree que los caribes habrían emigrado de la zona del río Orinoco en América del Sur para instalarse en las islas del Caribe alrededor del año 1200 d.c., esto es de acuerdo con la datación por carbono realizados.
Los Caribes habrían sido
politeístas. Cuando los españoles empezaron a
colonizar el área del Caribe querían convertir a los indígenas al catolicismo.
La religión practicada por Los Caribes tuvo elementos relacionados con el culto
de sus ancestros, los taínos. Creían en un espíritu maligno llamado Maybouya,
que debía ser apaciguada para evitar cualquier daño. La función principal de
sus chamanes, llamado buyeis era curar a los enfermos con hierbas y hechizos
(piai), además de mantenar en raya a los Maybouya. Los sacerdotes buyeis fueron
muy importantes y se sometieron a entrenamientos especiales al igual que los
guerreros. Como eran las únicas personas que podían evitar el mal, fueron
tratados con gran respeto. Sus ceremonias fueron acompañadas con sacrificios.
Como los Arawaks y otros nativos americanos, los caribes fumaban tabaco
en los rituales de su religión.
La Sociedad - Política
en la cultura Caribe
La Cultura Caribe temprana era patriarcal. Las mujeres llevaban a cabo los deberes domésticos, de la crianza de los niños pequeños, procesamiento y producción de alimentos y ropa y cultivar la tierra para la agricultura, incluyendo la siembra y la cosecha. En el siglo XVII, los europeos informaron que las mujeres, con sus hijos, vivían en casas separadas de los hombres, una costumbre que ya se había registrado entre otras tribus de América del Sur. En cambio los hombres se dedicaban a la guerra.
Las mujeres fueron altamente respetadas y poseían poder socio político sustancial. La sociedad de Los Caribes era supuestamente más igualitaria que la sociedad taína. Aunque hubo jefes de aldea y los líderes de la guerra, nunca hubo grandes Estados ni aristocracia de múltiples niveles. La unidad de autogobierno local puede haber sido ejercida por las jefes de viviendas o casas comunales pobladas por hombres o mujeres, tipicamente manejadas por caciques que informaban a un consejo de los Caribes.
El Canibalismo
La palabra karibna significa "persona". Los ingleses registraron las costumbres de la cultura Caribe y hallaron pruebas de canibalismo. Aunque los Caribes solo lo practicaron en sus rituales religiosos relacionados con la guerra en el cual consumían supuestamente el cuerpo de los enemigos, algunos europeos creían que los Caribes practicaban el canibalismo de forma cotidiana.
En la cultura Caribe era tradición de mantener los huesos de los antepasados en las casas. Algunos misioneros describieron la práctica como parte de una creencia que los espíritus ancestrales cuidan y protegen a sus descendientes.
El Explorador italiano Giovanni da Verrazzano fue asesinado por una tribu amerindia y se cree que habría sido comido por los nativos caribes en lo que hoy es Guadalupe (Antillas francesas) en el año 1528 (antes llamado "Karukera" por los amerindios personas que significa: la isla de hermosas aguas), durante su tercer viaje a América del Norte, después de explorar la Florida, las Bahamas y las Antillas.
